¿Telerrealidad a qué precio?
A veces la expectación y el “morbo” por conocer la vida pública de otras personas sobrepasan la barrera del código deontológico del periodista, ¿ha sido este el caso de Jade Goody, la ex concursante británica de “Gran Hermano”?
Supongo que la ética periodística se ha de referir únicamente a toda aquella profesión que sea digna de llamarla “Periodismo”, la prensa rosa (o también llamada del corazón), ¿estaría dentro?
Bien es cierto que su nivel de alcance aglutina a cientos de personas a parte de todo nivel económico y social, ¿o acaso no sabe todo el mundo quién es Belén Esteban? Si bien el objetivo del periodismo es informar, el de la prensa rosa es “crear morbo”.
En el caso de la venta de la muerte a los medios de comunicación, el límite excede a este particular gusto. Ya no se trata de, simplemente, conocer la vida privada, sino de ir más allá, vendiendo una exclusiva que supera toda norma ética y moral.
El primer fenómeno de la telerrealidad ha venido de la mano de una exconcursante del “Big Brother” británico, quien decidió vender los últimos meses de su vida tras diagnosticarle un cáncer cervical terminal. Jade Goody, de 27 años, ya era célebre debido a sus contestaciones con connotaciones racistas hacia una compañera del concurso, a la cual
pidió disculpas incluso en su país de origen, India. Su propósito era explotar al máximo el fenómeno para conseguir la mayor cantidad de dinero posible y destinarlo a la educación de sus hijos, a los cuales bautizó en presencia de las cámaras. “Quiero que mis dos preciosos hijos sean bautizados, para que cuando yo me muera sepan que su mamá está en el cielo”, relató al periódico sensacionalista Sunday mirror.
Su historia conmocionó al Reino Unido, más allá del pudor que pudo suscitar la narración pública de su enfermedad, por la sinceridad e Goody a la hora de hablar de su situación y de reconocer que cobrará todo el dinero que pueda.
Pero la polémica llega hasta las identidades políticas, el propio ministro Gordon Brown anunció sus respetos ante el conocimiento del fallecimiento de Jade: “Es muy triste y desde luego trágico que alguien tan joven tenga esta enfermedad mortal y es muy triste que no haya tenido éxito el tratamiento que ha recibido”.
Sin embargo, parece no respetar los artículos del código deontológico del periodista, un documento que recopila los fundamentos generales que regulan el comportamiento de los informadores, ya que el periodista debe impedir la vulneración del derecho a la intimidad o al honor, no obstante…¿y si es la propia persona quien decide vender su vida, toda su intimidad y todo su honor? Entre sus deberes está el respeto del derecho de las personas a la vida privada y a la dignidad humana…pero ¿si se ofrece?
Este nuevo tipo de telerrealidad se ha convertido en todo un éxito…¿hasta qué punto al ser humano le gusta conocer la vida privada?





